España

MAURICE RAVEL: PARÍS, 1908, ESTRENO DE LA RAPSODIA ESPAÑOLA

Presentación

La segunda entrega de mi serie de artículos dedicados a la influencia de la música española y de la imagen de una España exótica en la música moderna francesa – abordada a través del prisma de los programas de radio Musicopolis de France Musique – trata de una creación emblemática del extraordinario compositor francés Maurice Ravel (1875-1937): la Rapsodia española, estrenada el 15 de marzo de 1908. El episodio intitulado Paris, 1908: création de la ‘Rapsodie espagnole’ de Maurice Ravel fue emitido el martes 29 de octubre de 2019 y se puede escuchar (en francés) desde el sitio web de la radio o a través de su podcast.

Como la orientación de este blog es la de los entrelazamientos, complementaré esta reseña con elementos de otra emisión radiofónica, ésta española: Gran Repertorio de Radio Clásica del 11 de octubre de 2020, presentada por Elena Horta y con las participaciones de Daniel Barenboim y Benjamin Zander.

Y porque nunca hay dos sin tres (o cuatro… o cinco…), también me referiré en algunas ocasiones a la didáctica y entretenida emisión radiofónica de Jean-François Zygel La preuve par Z de France Inter del 25 de febrero de 2017 dedicada a esta obra de Ravel, así como al interesante libro de Marie Christine Vila Rêve d’Espagne – Musique espagnole en France editado por Fayard, París y a un verdadero placer de lectura y creatividad: la novela gráfica Ravel – Un imaginaire musical de Karol Beffa, Aleksi Cavaillez y Guillaume Métayer, ediciones Seuil-Delcourt, París.


Los enfoques de la emisión Musicopolis y de Gran Repertorio

A diferencia de la emisión de Musicopolis sobre “España” de Emmanuel Chabrier que se basa en gran parte en fragmentos de la copiosa correspondencia que este compositor envió a sus editores y a amigos durante su viaje más allá de los Pirineos, en el caso de esta obra de Ravel, Anne-Charlotte Rémond alude principalmente las reacciones de los críticos, con citas de diferentes artículos de revistas musicales de la época en que fue estrenada la rapsodia, como Le Ménestrel o Comœdia y diarios como Le Matin o Le temps. Y obviamente, con el paso de los años y la trascendencia innegable de la Rapsodia española, puede ser divertido venir en conocimiento de ciertos puntos de vista de la crítica. Independientemente de la música en sí, esto se relaciona en general con la visión exótica que en Francia seguía teniendo España, incluso al inicio del siglo XX. Lo que Maurice Ravel no compartía, como veremos en esta reseña.

Por su parte, el programa de Gran Repertorio dedicado a esta obra fue construido sobre citas de Manuel de Falla y los testimonios de Daniel Barenboim y Benjamin Zander, además de los comentarios de la presentadora. Otras diferencias son que:

  • en Musicopolis hay por lo general fragmentos de otras obras musicales relacionadas con el contexto del tema de la emisión, mientras que en este Gran Repertorio (al menos), los fragmentos corresponden a la Rapsodia española, salvo un fragmento de España de Emmanuel de Chabrier, aspecto que comparten ambas emisiones
  • en Gran Repertorio sí se describen los movimientos de la obra, cada uno, aunque ligeramente. Asimismo, sí alude una brumosa disputa entre Ravel y Debussy en cuanto a la paternidad de un procedimiento musical que Ravel habría creado siendo joven (en la Habanera pour deux pianos, 1895) y a partir del cual Debussy se hubiera inspirado muy claramente (para la Soirée dans Grenade, 1904). Y una diferencia en cuanto a los créditos de la música escuchada es que Gran Repertorio los cita al final de la emisión, mientras que Musicopolis lo hace en su página del sitio web.

¿Qué es una rapsodia? Una pieza libre, llena de fantasía, de imaginación…

Jean-François Zygel “La preuve par Z

El estreno de la Rapsodia española según Musicopolis

En la mañana del 15 de marzo de 1908, el diario parisino Le Matin anuncia los conciertos de la tarde: a las 14:30, los Conciertos Colonne (Sala del Châtelet). Dirección de Édouard Colonne. El programa comenta lo siguiente « ¡Todo el programa para España! Es allende los Pirineos que los compositores, otrora apasionados de germanismo, se van a buscar la materia para sus inspiraciones. Ayer, la Habanera de Raoul Laparra triunfaba en la Ópera Cómica. Hoy, será el turno de la Rapsodia española de Maurice Ravel en el Teatro del Châtelet. Pero esa España no es del mismo talante. No va a gustarle a todo el mundo. Y su triunfo, si lo hubiera, no será sin furiosos combates. Y es porque Maurice Ravel, joven heresiarca de la iglesia « debussyste » (de Claude Debussy), tiene muchos enemigos. Pero eso no sería nada. Ravel cuenta también con fieles. ¡Ciertamente entusiastas y cuan peligrosos! Ud. los verá sin duda en acción. »

El diario Le temps del 24 de marzo de 1908 comentó: « La visión de España que sugiere la rapsodia de Ravel no tiene una nitidez bien viva: es una visión de España lejana, imprecisa y como difusa, pero es España aun así; y el músico muestra aquí más sensibilidad que en sus últimas obras ». El 25 de marzo, diez días después del estreno de la obra, Ravel escribe a su amigo crítico musical G. Jean-Aubry con cierta dosis de buen humor : « Todo salió bien el domingo. Colonne se mostró llenó de entrega y de habilidad; el público caluroso. Los críticos son más tibios, pero eso es menos importante – excepto en su caso – además de que los (críticos) favorables no están en tela de juicio. » La crítica no es tan tibia como lo cree Ravel : desde el día siguiente del estreno, « l’ouvreuse » o la « acomodadora », pseudónimo de Henry Gauthier-Villars (periodista, crítico musical y novelista, primer marido de Colette), escribe en Comœdia que la Rapsodia española fue « chispeante, deslumbrante y acogida con un fervor imprevisto por un público poco familiarizado con la escritura del autor de Miroirs. Se hace un bis de la Malagueña, se aclama toda la obra con fuerza, a pesar del tradicional silbido – que es más dulce a los oídos de los jóvenes compositores que el más delicado elogio ». El crítico Amédée Boutarel de la revista musical semanal Le Ménestrel (editada en París entre 1833 y 1940) es quizás ligeramente más reservado cambiando alternativamente de juicio: « la Rapsodia española fue saludada con las aclamaciones de toda una parte del público. Las cuatro partes de esta rapsodia forman cada una pequeñas descripciones sinfónicas o cuadros que se suceden rápidamente uno tras otro y, a pesar de algunas faltas de composición, no dejan mucho de ser cautivantes. Incluso si en todo ello hay poca música propiamente dicha, emerge una cierta juventud, un colorido, un movimiento contra los que no se puede resistir, una sinceridad muy grande ».

Y ¿qué piensa un importante director de orquesta contemporáneo como Daniel Barenboim? En Gran Repertorio nos responde: « En mi opinión, Ravel es particularmente interesante, él procede del mundo de la música francesa que ya existía antes con figuras como Debussy; pero Ravel tenía su propia personalidad. Ambos compositores, Ravel y Debussy tienen en común su interés por la sonoridad, pero Ravel tiene un lado neoclásico que encuentro fascinante, en su música hay una gran riqueza de sonoridades totalmente imaginativas que no esperarías de alguien que piensa dentro de los parámetros clásicos (…). También encuentro fascinante su interés, casi obsesión por España; en sus obras españolas hay ese aroma francés con su sensualidad y sonoridades imaginativas que en la música de los grandes compositores españoles como Falla o Albéniz no está, pero la de Ravel es realmente música española. »

Los movimientos de la Rapsodia española

Es el momento de recordar algunas de las características de la Rapsodia española. Fue dedicada a Charles Wilfrid de Bériot, profesor de Ravel. Su duración es de 15 minutos aproximadamente y tiene los siguientes movimientos:

  1. Prélude à la nuit. Très modéré
  2. Malagueña. Assez vif
  3. Habanera. Assez lent et d’un rythme las
  4. Feria. Assez animé

Gran Repertorio invita a Daniel Barenboim a dar sus impresiones sobre los movimientos, y él nos dice (traducido por el propio programa a partir de su entrevista en alemán): « La Rapsodia española tiene varios movimientos y cada uno de ellos es muy diferente del anterior; el último es realmente una fiesta española: el movimiento lento, habanera, tiene algo muy íntimo y el primer movimiento es casi una descripción de España. Tal vez en este movimiento es en el que mejor se escucha que el compositor no era español, es casi como la España vista por la imaginación de un francés ».

Elena Hora complementa su descripción de esta manera: « Prélude à la nuit » está basado en un motivo de cuatro notas descendentes, este motivo reaparecerá después en los otros movimientos de la rapsodia – exceptuando la habanera obviamente por su composición de fecha anterior. Este preludio nos transporta a un ambiente de ensueño, de armonías suspendidas… este ambiente de ensueño es interrumpido por una cadencia ad libitum al más puro estilo del cante flamenco.

En la « malagueña », un palo que deriva del fandango malagueño, una danza rápida, Ravel vuelve a usar un ostinato, es decir, una repetición constante de un motivo o de un ritmo, siempre en los graves. En este caso es el motivo melódico del inicio. La escritura de esta obra nos recuerda los acordes rasgueados de la guitarra y las castañuelas. Jean-François Zygel explica por su parte que este efecto se logra con el pizzicato de los violoncelos y los contrabajos. Parecería que canta « ostinato-Málaga-pizzicato », repitiéndose insistentemente. Y finalmente aparecen las castañuelas.

Sobre el tercer movimiento, ya regresaremos a él, porque concierne a la creación de una obra anterior, la habanera para dos pianos de 1895 y a la discordia entre Ravel y Debussy.

Y el cuarto movimiento, « Feria » es el único en que utiliza una danza reconocible de la música española, la jota aragonesa, con la que consigue crear un ambiente festivo.

La jota aragonesa – Estampe d’après-Gustave-Doré ©Gallica-BnF

Pero, se pregunta intrigada la narradora del programa Musicopolis, Anne-Charlotte Rémond: ¿qué es esta manía que tienen los compositores franceses de escribir cosas españolas?


Primero, nos dice, notemos que tienen esta manía desde hace bastante tiempo. Sin remontar a la llegada a Francia del tenor Manuel García en abril de 1807, podemos al menos pensar en todos los temas españoles y andaluces que surcan las líneas de los novelistas y de los poetas y que se encuentran también en la música. En 1875, el éxito de Carmen de Georges Bizet abre la puerta a todas las habaneras y seguidillas… La música francesa en la época de Carmen y después se llena de clichés españoles, tresillos, castañuelas y modos de mi, con un fondo de erotismo subyacente, que dan al “color local” más atractivo todavía. No se cuenta más las sinfonías españolas, habaneras o  filles de Cadix (chicas de Cádiz) a partir de un poema de Alfred de Musset (ilustrado musicalmente con un extracto de la composición musical correspondiente de Léo Delibes de 1863), quien al contrario de Prosper Mérimée, no ha hecho el viaje.

Elena Horta de Gran Repertorio lo comenta así: « Nuestro país había sido inspiración para muchos artistas europeos desde la segunda mitad del siglo XIX. Esta corriente se puede enmarcar dentro del orientalismo, y se produjo en música, pero también en pintura y literatura; es lo que Théophile Gautier llamó « el milagro español ».

“A fuerza de cartas, de correspondencia, de relaciones, de viajes, de importaciones, de danzas y de costumbres, España casi se ha convertido en Italia, a la que conocemos sin haber ido allí.”

Théophile Gautier

« De manera particular en la música , se puede decir que el gran periodo de auge de la representación de España se produce a partir de 1870 y aunque los compositores rusos habían sido pioneros, Francia toma la parte más importante con compositores como Lalo con su Sinfonía española, Bizet con su ópera Carmen, o Chabrier con España » señala Gran Repertorio.

Manet, Édouard 1832–1883. – “Le ballet espagnol”, 1862. Photo: akg-images. Washington, Phillips Collection.

En ese entonces, junto con Carmen, precisa Musicopolis, la pieza francesa ‘española’ que había tenido más éxito en Francia era seguramente la Rapsodia para orquesta de Emmanuel Chabrier intitulada « España ». Desde el inmenso éxito de su estreno en 1883 por los conciertos Colonne, dicha rapsodia forma parte de toda buena temporada de conciertos parisina y ha instaurado una suerte de canon de la orquestación « española » entre comillas.

Con la composición de Chabrier como fondo musical, Anne-Charlotte Rémond dice que se entiende fácilmente por qué para los críticos franceses la música francesa a la moda española ha de tener una orquestación brillante, resplandeciente y casi, si osara decirlo, ruidosa. Lo que no es verdaderamente el caso de la rapsodia española de Ravel, estrenada exactamente veinticinco años después de España. En su libro sobre Ravel de 1948, el compositor y musicólogo Roland-Manuel escribe que « en la Rapsodia española resuena por la primera vez esta orquesta nerviosa, felina, cuya transparencia, nitidez y vigor son ejemplares; cuya sonoridad sedosa y seca en conjunto es como la marca de Ravel. Ninguna instrumentación había aún obtenido tutti más quebradizos, piani más ligeros ». Aparentemente el público no se equivocó, como lo comenta un crítico: « un bis impetuoso obligó al director Colonne a tocar de nuevo la segunda parte, Malagueña ».

Por otro lado, el crítico del Ménestrel se cuenta historias a sí mismo al escuchar la Rapsodia española de Ravel. Escribe « parece que Maurice Ravel, de regreso de España con la cabeza llena de ritmos, de ruidos de castañuelas, de perfumes respirados durante las bellas noches, haya buscado exteriorizar musicalmente toda la deslumbrante poesía de la que se parecía estar como impregnado. Son sucesivamente efluvios languidecientes, risas felices, revuelos de gente, danzas desenfrenadas, en las que todos los recursos instrumentales han sido empleados hábilmente. »

Ravel no regresa de España cuando escribe su Rapsodia española. Pero tiene desde tiempo atrás una afinidad muy particular con este país. En primer lugar, nació en Ciboure, cerca de Saint-Jean-de-Luz, a 10 km de la frontera española. Su madre, vascofrancesa y vascohablante, tuvo una estancia bastante larga en Madrid en su juventud, donde aprendió el español y donde escuchó muchas arias de zarzuelas, que cantó después a sus hijos. Dirá más tarde que:

“Mi madre me adormecía cantándome guajiras.

Quizá por atavismo, España y la música española me atraen mucho”.

Maurice Ravel

En este momento, la emisión presenta un ejemplo de una guajira tradicional andaluza. En todo caso, el pequeño Maurice vivió solamente unos meses sobre el suelo vasco, ya que sus padres se mudaron a París unos meses después de su nacimiento. Sus frecuentaciones amistosas y mundanas explican mejor su atracción por la cultura española. En el conservatorio de París inició una sólida amistad con Ricardo Viñes, quien sería un extraordinario pianista. También cruzó el camino de Isaac Albéniz y Manuel de Falla, dos compositores cuya obra se inspira de música folclórica de su tierra natal, España.

Retrato de Maurice Ravel en 1907. Fuente: gallica.bnf.fr Bibliothèque nationale de France

En el catálogo de Ravel, la Rapsodia española no es la primera pieza de inspiración española. Además de la Pavane pour une infante défunte que « solamente tiene de ibérico el título », está la cuarta pieza de Miroirs para piano, Alborada del gracioso, en que el compositor introduce un ritmo nervioso y una estilización de guitarras y de ornamentación moriscas. Cuando en 1907 se pide a Ravel que componga una pequeña vocalización para una recopilación, piensa enseguida en una Vocalización en forma de habanera. Ese mismo año, Ravel trabaja en otra obra de inspiración española, un pequeño acto de ópera basado en un libreto un poco licencioso de Franc-Nohain, La hora española. De a abril a octubre trabaja en ello rápidamente y sin descanso: « voy a 120 km/h español ». En el verano elabora simultáneamente la rapsodia, « española » ella también, y se podrá encontrar en la obra para orquesta algunos de los clichés españoles que usa irónicamente en su pequeña ópera.

Modelo de traje para L’heure espagnole / Dirección de Ernest Merle-Forest
Paris : Opéra national de Paris-Palais Garnier, 05-12-1921

Anne-Charlotte Rémond agrega que no ha citado todavía entre las obras « españolisantes » (que tiene interés, simpatía por lo que es español, su lengua y su civilización) de nuestro autor una pieza para dos pianos escrita en 1895 cuando tenía solamente veinte años – pero en la que ya era totalmente Ravel.

La controversia Ravel – Debussy

Gran Repertorio nos cuenta en este sentido que una de las primeras melodías escritas por Ravel cuando aún era alumno en el Conservatorio de París fue precisamente una Habanera para dos pianos (terminada en 1895). Los tres autógrafos que se conservan de ella llevan este texto tomado de « À une dame créole » de Baudelaire, « En el país perfumado que el sol acaricia… ». Esta composición está basada sobre la repetición de un do sostenido, que realiza siempre el mismo ritmo de habanera. Está compuesta con una gran maestría, a pesar de la juventud de Ravel cuando la escribió, y es que nos adelanta al Ravel del bolero, capaz de mantener la atención hasta el final de la obra utilizando un material temático muy limitado. Como el propio compositor afirmaría « yo pienso que esta obra contiene en germen varios elementos que debían predominar en mis composiciones posteriores ». Esta obra pudo además influir en otros compositores franceses… Debussy de hecho se encontraba entre el público el día en que se interpretó por primera vez en el año 1998. Al parecer quedó fascinado con la obra y tras la interpretación le pidió la partitura. Cuatro años más tarde, en 1902, Debussy publicaría Soirée dans Grenade basada también en ritmo de habanera y con similitudes evidentes con la de Ravel. Esto provocó un desencuentro entre ambos compositores. Doce años más tarde, Ravel rescataría esta habanera para incorporarla como tercer movimiento a la obra que estaba comenzando a componer,  la Rapsodia española para dos pianos.

Composición y orquestación de la obra

Continúa Anne-Charlotte Rémond por su parte: en el verano de 1907 Ravel saca del cajón esta habanera para dos pianos que había guardado durante doce años. Y decide adjuntarle tres piezas más. En realidad, quiere componer algo de tipo español para orquesta que pueda rivalizar con una obra que se escucha a menudo en París, el Capricho español de Nikolái Rimski-Kórsakov (1887). Los rusos están a la moda, y se cita el Capricho como un modelo de orquestación. Una temporada rusa tuvo lugar en la primavera de 1907 gracias a Diaghilev, un empresario y organizador particularmente activo, y se prevé una temporada para 1908 aún más resplandeciente.

Durante el verano, en unas vacaciones en el barco de su amiga Misia Edwards (posteriormente llamada Misia Sert), Ravel crea los tres movimientos que rodean a la Habanera de la primera versión para dos pianos. Enseguida, Ravel duda sobre la instrumentación; le cuesta trabajo ponerse a ello. A partir del mes de diciembre y hasta febrero da precisamente cursos de orquestación al compositor inglés Ralph Vaughan Williams: le hace orquestar para piano sus propias obras para piano, y le hace trabajar también sobre piezas rusas – de Aleksandr Borodín o de Rimski-Kórsakov- así como reescribir una obra para orquesta a partir de una reducción para piano. Es exactamente en ese periodo cuando Ravel orquesta su propia rapsodia española. A Ravel le importa que su rapsodia sea presentada en París antes de la llegada de los rusos y trabaja con ahínco durante el mes de febrero en su orquestación.

La versión de la Rapsodia para dos pianos había sido terminada muy rápidamente en 1907 y durante el inicio del año 1908 Ravel se dedicó a la orquestación, lo que en efecto le llevó más tiempo, pero en ella revela ya su manejo y maestría de los colores orquestales. Gran Repertorio invita al director Benjamin Zander a desarrollar este punto: « Ravel es uno de los más grandes compositores por su enorme precisión y exactitud y él puso toda esa precisión en su música con la intención de revelar los distintos colores, la sensualidad y la atmósfera de cada escena. Es como un viaje, consigue que viajemos a España y sintamos los sonidos, olamos el jazmín, sintamos la caricia de la brisa que está describiendo en la música. Realmente utiliza la orquesta de una manera mágica, no hay nada más magistral que las orquestaciones de Ravel. Él buscaba constantemente crear colores y atmósferas, pero todo ello está cuidadosamente controlado, porque Ravel estaba obsesionado con la perfección. Esta música trata sobre sabor, color, sensualidad. Necesita una orquesta virtuosa para llevarla a cabo y por eso requiere también un oyente virtuoso ».

Sala Nezahualcóyotl, Orquesta Filarmónica de la UNAM, Ciudad de México. Foto: Rafael Mandujano

Para concluir su episodio, nos dice Musicopolis que todo está listo a tiempo para su estreno; pero siendo la obra muy nueva en su escritura, en un principio los músicos rehusan tocarla – es necesaria toda la persuasión de Édouard Colonne para hacerles aceptarla. Afortunadamente todo saldrá bien. Y a pesar de alguna agitación en la première, la obra tendrá gran acogida de ahí en adelante. No será la mala crítica de Pierre Lalo, detractor perseverante de Ravel, la que impedirá a la Rapsodia española volverse un pilar del repertorio musical francés hasta el día de hoy.


“La Rapsodia española me sorprende por su carácter español. Este hispanismo no es conseguido mediante la simple utilización de documentos populares sino, exceptuando la jota de Feria, por un libre empleo de los ritmos, de las melodías modales y de los giros ornamentales de nuestra lírica popular, elementos que no alteran en ningún punto la manera propia del autor”.

Manuel de falla, La revue musicale, 1938

Maurice Ravel en 1910. Fuente: gallica.bnf.fr / Bibliothèque nationale de France

“Ravel es más español que los españoles mismos”.

Manuel de falla, La revue musicale, 1938

Emmanuel Chabrier en España (1882): el viaje de su vida

¿Cómo no dedicar a Emmanuel Chabrier mi primera reseña de los episodios que el programa de radio francés “Musicopolis” ha consagrado a compositores, lugares y contextos relacionados con la influencia de la música española y de la imagen de una España exótica en la música moderna francesa?

El episodio en cuestión se intitula justamente en francés “Emmanuel Chabrier en Espagne: le voyage de sa vie“. Fue difundido el 17 de junio de 2020 y es accesible via podcast.

La agradable voz de Anne-Charlotte Rémond nos transporta hacia los años 1880, cuando muchos músicos franceses sentían una gran atracción por la música popular y el “exotismo” de España, en un contraste anhelado con respecto a la ya establecida y casi omnipresente música alemana, sobre todo la wagneriana, considerada la expresión de la vanguardia. Sin embargo, a diferencia de un cierto número de escritores y pintores franceses insignes, pocos compositores emprendían realmente el viaje al otro lado de los Pirineos. No fue éste el caso de Emmanuel Chabrier, quien de finales de julio a diciembre de 1882 cumplió su sueño. Con su esposa, durante esos meses visitó ciudades como San Sebastián, Burgos, Valladolid, Salamanca, Zamora, Ávila, Madrid, Toledo, Sevilla, Granada, Córdoba, Málaga, Valencia o Barcelona.

La música nacional en España es de una riqueza incomparable.

Emmanuel Chabrier (1841-1894), carta aL editor ENOCH Desde Granada, 04 de OCTUBRE DE 1882

El descubrimiento del folclor español fue una verdadera revelación para Chabrier. Observador atento y curioso, con un apreciable sentido del humor, el compositor compartió en su correspondencia sus impresiones musicales e idiosincrásicas de los lugares que conformaron su itinerario. Este viaje fue un hito en su vida. Como la obra de Chabrier, quien a la vez tuvo mucha influencia en los compositores franceses de las generaciones siguientes.

Alrededor del piano, pintura de Henri Fantin-Latour, 1885. Chabrier está al piano.
Foto : RMN-Grand Palais – H. Lewandowski

El compositor, nacido en Ambert, en la región de Auvernia (Auvergne), tuvo desde niño el sueño de ir a España.

Es cierto que dicho pueblo se encuentra a la misma distancia de París que de la frontera española, pero el sur tenía mayor poder de evocación. Por ejemplo, sus profesores de música eran refugiados españoles (como Manuel Zaporta Martí o Mateo Pitarch); recordemos que el siglo XIX español fue marcado por numerosos pasajes de inestabilidad política y económica.

El padre de Chabrier, abogado, hablaba español. Cabe agregar que las biografías de Chabrier hablan de su madre como una mujer interesada por las artes y la música, lo que participó en su gusto.

En todo caso, durante parte de su infancia vivió también en Clermont-Ferrand y a partir de los quince años en París. Y no fue sino a los cuarenta y siete años que finalmente concretó el viaje a España. 

Chabrier llegó con toda su familia a San Sebastián al final de julio de 1882. Llevaba consigo a su esposa, Alice Dejean, a sus dos hijos de tres y ocho años, y a su vieja aya, llamada afectuosamente Nanine. En ese entonces, el compositor no tenía todavía una gran notoriedad. 

San Sebastián era una ciudad ligeramente cosmopolita y su « color local » era bastante… atenuado. Sin embargo, la vista de las montañas ya era un gran cambio con respecto a la parisina calle Rochechouart.

En el programa, la evocación del viaje se basa sobre todo en fragmentos de cartas llenas de buen humor que Chabrier escribió a los señores Enoch y Costallat, editores de su ópera en gestación “Gwendoline” .

A Chabrier le fascinaba Wagner y llevó las partituras de la Tetralogía a España para mostrarlas; pensaba iniciar en ello a un maestro de capilla, según lo comentó en una de sus cartas.

Les escribió también que el domingo siguiente iría a ver una corrida, a eso de las cuatro de la tarde. Soñaba con ello desde hace ocho días. Bromeaba diciendo que quería dar miedo al toro mostrándole el manuscrito del tercer acto de su ópera inconclusa « Les muscadins » y haciéndole escuchar su tercer vals… pero su esposa lo desmotivó al reprobar de antemano tales osadías.

La familia permaneció en San Sebastián todo el mes de agosto y gran parte de septiembre; con su pequeña familia no podían desplazarse con facilidad a los lugares que deseaban. Así que en esos días se contentaron con recorrer el norte de España.

Anne-Charlotte Rémond, con su tono cordial acostumbrado, dice que Chabrier « abre las orejas en grande » durante su estancia en España y que el compositor describe a sus editores toda la música que tiene al alcance. Sobre las zarzuelas de Fernández Caballero, Emilio Arrieta, Ruperto Chapi, entre otros… Chabrier decía que se trataba de Verdi « en malo »… precisando que « la última malagueña – cantada por el último de los gitanos y más o menos compuesta por éste – tiene cien veces más valor que esos tontos finales a la italiana y que los tríos a la Bellini de los que los compositores de Madrid hacen un abuso desesperante ». En otro orden de ideas, Chabrier les escribió que no conocía otro país cuya música nacional tuviera tal variedad de ritmos:

« Es maravilloso, y noten que todavía no me he movido de la Guipúzcoa del norte; cada provincia tiene sus aires y ritmos especiales, de los que están muy orgullosos. Así, el otro día en Vitoria me desperté con dos sonoros oboes y un tamboril que daban la vuelta de la ciudad interpretando una pasacalle y les pregunté si esa melodía era del país. “- No”, me respondieron. Su no significaba: nunca en la vida. Había orgullo e ironía en ese no. “- Nosotros somos de Navarra”. De la misma manera que una habanera debe ser cantada por una española, esas notas de oboe debían ser tocadas por gente de su país ».

Édouard Manet, “El cantante español”, 1860. Metropolitan Museum, Nueva York.

Chabrier decía estar tan inspirado por su estancia española que quisiera escribir una ópera. Imploraba a sus editores con humor: « Ah, si ustedes pudieran encontrarme tres actos muy alegres cuya acción tuviera lugar en España, haría una obra que tendría color; no se necesitaría hacer el viaje, olería a puchero a una legua; pondría banderillas de fuego (en español en el texto) a todas mis melodías; el terceto llevaría decoración de plumas, cascabeles, borlas de lana como una mula de corrida; el coro sería gallardo como el martes de carnaval en Sevilla; toda la sala bailaría palmeando al ritmo de mis peteneras… ».

Chabrier y su esposa enviaron después a sus hijos y a la aya de regreso a Francia y pudieron continuar su viaje hacia Andalucía. Desde Sevilla, Chabrier continuó con el relato de sus observaciones sobre los bailes flamencos, los toreros en traje de ciudad, las gitanas cantando sus malagueñas y bailando tango, bebiendo la manzanilla que se pasa de mano en mano y que todos deben beber… « Esos ojos, esas flores en admirables cabelleras, los chales anudados a la cadera, esos pies que golpean el piso con un ritmo variado al infinito, los brazos que se mueven al ritmo del cuerpo siempre en estremecimiento, esas ondulaciones de la mano, esas sonrisas resplandecientes, y ese admirable posterior sevillano girando en todos los sentidos mientras que el resto del cuerpo parece inmóvil; y todo al ritmo de gritos ¡Olé, anda la María, anda la chiquita, eso es! ¡Baile la Carmen, anda, anda! que vociferan otras mujeres y el público. Sin embargo, los dos guitarristas, siempre con un cigarrillo en labio y el aire serio y grave, continúan tocando la guitarra a tres tiempos – solo el tango va a dos tiempos. Los gritos de las mujeres continúan excitando a la bailarina cuyo cuerpo, hacia el final de su paso, parece enloquecer de manera inaudita… ».

Desde Cádiz (25 de agosto), Chabrier escribió también a su amigo director de orquesta Charles Lamoureux. Con lujo de detalles musicales y coreográficos describió todas las danzas que vió y escuchó. Después de pedirle noticias sobre la temporada musical parisina de la orquesta Lamoureux, Chabrier terminó su carta con una promesa, que se volvió incluso una profecía:

A mi regreso a París, escribiré una fantasía extraordinaria, muy española, con los recuerdos de este espléndido viaje. Mis aires, mis ritmos, agitarán a todo el público de movimientos febriles, todos se abrazarán en un beso supremo. Incluso Ud. mismo deberá abrazar al concertino de la orquesta de tan voluptuosas que serán mis melodías. Adiós hombre muy valiente, adiós director entre los directores, adiós batuta encantadora (…) esperándome mucho éxito, mucho dinero, una buena salud, un millón de saludos a su hija, la señorita Lamoureux, y para Ud. el mejor apretón de manos de su servidor, Emmanuel Chabrier.

“En los conciertos de invierno”, Charles Lamoureux en su pupitre de director de orquesta, estampa. Gallica – BnF

A su regreso en Francia, con todas las vivencias y aprendizajes acumulados, Chabrier compuso de enero a agosto de 1883 la pieza rapsódica “España“. Al principio la había llamado simplemente “Jota”, pero rápidamente le cambió el nombre con el que ha pasado a la posteridad. Fue creada el 4 de noviembre de 1883 en París por la Sociedad de nuevos conciertos dirigida por el propio Charles Lamoureux.

En su libro “Rêve d’Espagne”, Marie-Christine Vila cita la presentación de la obra que hizo el propio Chabrier para el programa del concierto: “La música popular española se distingue, entre todas, por sus expresiones melódicas profundamente personales, y sobre todo, por una asombrosa variedad de ritmos que le vienen de los Moros. Es posible encontrar en España los estribillos vigorosos de la Jota, combinados con las frases libres y soñadoras de las Malagueñas. Estas dos esencias musicales de las Españas del sur y del norte se mezclan y se superponen según las fantasías de la polirritmia, esta característica de las músicas orientales”.

Chabrier no tuvo un rol de etno-musicólogo deseoso de transcribir el folclor español, sino que buscó expresar las numerosas impresiones que recibió durante su soñada estancia en España… algunas de ellas tan agradablemente evocadas por este episodio de Musicopolis.


Algunas versiones para escuchar

La Philharmonie de Paris propone una versión de España en el siguiente enlace: https://pad.philharmoniedeparis.fr/doc/CIMU/1100988

O un extracto de la obra en vídeo en este otro enlace: https://pad.philharmoniedeparis.fr/doc/CIMU/0959647


La inspiración española en la música moderna francesa presentada en los programas de “Musicopolis” de France Musique

Una ciudad, una obra, un compositor, una época. Una historia de la música contada por Anne-Charlotte Rémond desde 2015 en el programa radiofónico “Musicopolis”. Se puede escuchar en directo o por medio de los archivos de podcast de la emisora (en lengua francesa).

Cada día, durante veintiséis minutos, el programa de radio francés intitulado Musicopolis nos lleva de viaje a través de la historia de la música de manera fresca, amena e instructiva. Sus variados episodios evocan momentos clave en la vida de los compositores, relacionándolos con las ciudades y las épocas en que se desarrollaron e incluyen una rica selección de extractos musicales. Se trata de ejemplos perfectos de entrelazamientos culturales, tema principal de este blog.

El sitio web de la emisión presenta un conjunto de dossiers temáticos, como “Musicopolis de las compositoras”, “Musicopolis: 250 aniversario de Beethoven”, “Musicopolis en Viena”, “Musicopolis en París”, o las reseñas integrales de las composiciones abordadas en Musicopolis según sus años de creación, entre otros.

En los siguientes artículos que publicaré en este blog voy a enfocarme en los episodios que abordan la inspiración española en las composiciones de los músicos franceses como Emmanuel Chabrier (España, el viaje de su vida), Claude Debussy (Iberia), Georges Bizet (Carmen vista por la prensa ; la première de Carmen) o Maurice Ravel (la “Rapsodia española” o el “Bolero“), entre otros.

Posteriormente, en otra serie, me concentraré en los episodios que muestran las relaciones de músicos españoles con ciudades o contextos franceses, entre ellos Manuel de Falla (“Noches en los jardines de España” o “El amor brujo” o “Manuel de Falla en Granada, 1927″ ), Albéniz (Isaac Albéniz en París en 1908), Joaquín Rodrigo (“Concierto de Aranjuez“) o Federico Mompou (Música callada).

La intención no será la de transcribir y traducir integralmente los episodios, sino presentar una versión condensada y comentada sobre el acercamiento de esta agradable emisión en cuanto a las relaciones musicales entre Francia y España, tanto a nivel de compositores como de lugares, imágenes, estereotipos, lugares comunes, exotismo y más, en el marco de un claro boomerang cultural entre los dos lados de los Pirineos que entrelazaron la música moderna entre el siglo XIX y el siglo XX.

Además, complementaré ciertos elementos con notas basadas en el excelente libro de Marie Christine Vila, intitulado “Rêve d’Espagne – Musique espagnole en France“, de la colección Les chemins de la musique de editorial Fayard, 2018.