Aunque pudiera hacerme temible, preferiría hacerme amable.

Esta frase atribuida a Montaigne me recordó dos momentos relativamente recientes vividos al ingresar a dos instituciones culturales de París. No considero ser particularmente sensible, ni un caso difícil de indisciplina o falto de savoir vivre en los lugares públicos.

De lo que recuerdo, solamente me había marcado una vez la actitud de un agente en el museo berlinés de Pérgamo en la isla de los museos que fue un tanto “prusiana”, con una acogida desconcertante de frialdad casi militar. Pero un amigo local que me acompañaba me explicó que se trataba de una persona seguramente de la vieja escuela de la extinta RDA. El caso es que no he tenido experiencias desagradables significativas al ingresar a instituciones culturales, salvo las que comentaré porque me parece que pueden dar lugar a un intercambio de opiniones sobre lo que deberían ser las políticas de acogida al público en dichos lugares.

Por un lado, para ingresar a la Gaîté Lyrique hay ocasiones en que se filtra el acceso y se hace una especie de fila al exterior del edificio para mostrar las bolsas o paquetes antes de entrar, algo que es ya común desde los atentados y el plan vigipirate. Lo que es comprensible. Sin embargo, he podido observar que los responsables, vestidos de negro completamente, tienen una actitud de guardia de seguridad de discoteca de moda (muchos son prepotentes desafortunadamente), es decir, fuera de contexto en un espacio público con fines culturales. Es cierto que la Gaîté Lyrique presenta conciertos, pero no es un night club. Mi explicación es que al privatizar la seguridad, los guardias externos no reciben un mínimo entrenamiento que les haga distinguir entre los tipos de lugares en que trabajan. Sobre todo, considero en que en ningún lugar cabe una actitud prepotente. Hay seguramente un trabajo de formación y de orientación hacia el público que es necesario, para saber actuar con firmeza en caso de desórdenes o peligro para la gente y el patrimonio de las instituciones y no abusar o hacer alarde del “poder” que se les confiere. Agrego que no se trata de una actitud específica hacia mi persona, era general.

El segundo caso que he presenciado ha sido en la Pinacothèque de Paris. Esta institución privada que recibe exposiciones temporales abrió sus puertas en junio de 2007. Ayer por la tarde fui a ver la exposición sobre la obra de Hugo Pratt, creador de historietas de aventuras, la más conocida es “Corto Maltés“. El problema comienza con la compra de las entradas. Meses antes yo había podido ingresar a otra exposición comprando las entradas ahí mismo. Ahora hay dos sedes cercanas, para las entradas de la exposición de Pratt hay que ir a la otra sede, lo que no está claramente indicado. Al cruzar la calle, hay dos posibles entradas y la que parece la principal… no lleva a la caja! En fin, esto es anecdótico pero lo que no lo es tanto es el trato de los agentes de seguridad. Obviamente, pasar muchas horas repitiendo lo mismo a la mayoría de los visitantes ha de ser fastidioso, pero la solución no consiste en ser tan desagradable con el público. El sistema de venta de entradas debería mejorarse así como la formación del personal de acogida/seguridad. Es el mismo estilo de trato de parte de agentes externos que en la otra institución. Es el primer contacto con el visitante, y así no comienza bien la experiencia. Para colmo, con la entrada a la expo de Pratt se puede ver también la colección permanente… de nuevo, regresando a la otra sede, un nuevo contacto desagradable con el guardia… parece algo generalizado ahí: al salir oí a la persona del guardarropa que medio en broma, medio seriamente decía a unos visitantes: “qué bueno que se marchan ya porque solamente los estaba esperando para poder ir a casa”, aunque el museo cerraba sus puertas más tarde.

Pinacoteca de París

Contratar los servicios de seguridad y acogida de una empresa prestataria externa especializada puede ser necesario en muchas ocasiones para las instituciones culturales. Lo que no significa que se pueda delegar así sin más el primer contacto con el público. Me parece que hay que subrayarlo, no se debe olvidar que se puede agregar a los factores por los que algunas personas no frecuentan las instituciones culturales. Y va contra nuestros principios en los que los lugares culturales deben ser ejemplares en cuanto a relaciones humanas y convivencia.

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