Políticas culturales locales y europeas en los proyectos digitales

A la ocasión del Primer Campus europeo de administraciones locales y regionales para la Cultura que tuvo lugar en París del 22 al 24 de noviembre de 2012 (y del cual he sido Jefe de proyecto), me pareció importante incluir en el programa una experiencia piloto de taller/conversatorio sobre las prácticas digitales y las políticas culturales de las administraciones locales y regionales europeas (gobiernos de ciudades, provincias y regiones). El título del taller fue “blogueros y tuiteros especializados en políticas culturales” y se desarrolló el jueves 22 de noviembre en la sala de lecturas de la Maison Heinrich Heine – Fondation de l’Allemagne de la Ciudad internacional universitaria de París.

En una interesante conferencia llamada « Rencontres culture numérique » (sobre la que elaboré una nota en este blog) tuve el agrado de escuchar a Gonzague Gauthier, responsable de los proyectos digitales del Centro cultural Georges Pompidou, y autor del blog Véculture; para el Campus europeo me pareció que sería la persona indicada para co-idear el taller, así como para moderarlo.

Después de la realización del taller, Gonzague ha publicado una nota en su propio blog con respecto a lo presentado. Con su acuerdo previo, la traduzco del francés, ya que considero que este conversatorio se trata de un primer paso común para desarrollar el análisis de estos temas, concentrándonos en las políticas y proyectos de las administraciones locales y regionales europeas, con vistas a elaborar un cuerpo de conocimiento y experiencia que será compartido en otros marcos, ya sean virtuales o presenciales.

Escribe Gonzague en su nota:

“En el marco de la Universidad de otoño de la Asociación Les Rencontres, he moderado un taller alrededor de las redes sociales. Lo he construido con tres ponentes, con el objetivo de mostrar cómo las redes sociales pueden articular las cuestiones locales con aquellas del territorio europeo. (…)

La mesa redonda se desarrolló ante un pequeño grupo, ¡lo que me extrañó mucho! Habitualmente los temas en torno a las redes sociales atraen a un gran público. Esta diferencia puede tener según yo varias explicaciones. Pienso que se debe principalmente a la mala comprensión de las cuestiones que implican las redes sociales en los intercambios culturales y la estructuración política de los territorios con respecto al nivel europeo.

Los puedo tranquilizar, esta incomprensión existe también en sentido inverso: la mesa redonda que me propuso animar Rafael – se lo agradezco – era bastante única. Nunca había asistido ni animado un evento de esta naturaleza en el que las cuestiones políticas podrían ser abordadas de otra manera que a través de la gobernanza de las instituciones que asumen una presencia en las redes sociales. Si la relación de la actividad social con los contenidos es en ocasiones difícil de ser descrita o comprendida (mientras que conlleva el sentido real del interés del uso de las redes sociales), la relación política con respecto a esta actividad está completamente oculta.

El jueves abordamos la síntesis de tres aspectos de las redes sociales mediante la participación de Axel Norbelly que representaba al Comité de ciudadanos de Montreuil (CCM), Frank Thinnes del proyecto transfronterizo Plurio.net y William Bressand de parte del European Multimedia Forum (EMF).

Axel Norbelly nos explicó lo que a nivel político se podía esperar de la utilización de las redes sociales. Puede ser un espacio de intercambios que lleva a las conversaciones tradicionales a un nuevo lugar, un tipo de nuevo barrio digital de la ciudad. Subrayó la potencia de una red ante las personalidades públicas sobre la óptica de un desarrollo de la red generalizado, es decir, el acceso a la red y a sus servicios en todo tiempo y todo lugar: el cartero, por ejemplo, por su conocimiento del ámbito local, su proximidad a los individuos y sus nuevos artículos tecnológicos, parece ser potencialmente el futuro “community manager” de la ciudad. Sin embargo, Axel no hizo únicamente prospectiva puesto que mostró cómo la cultura en el territorio del ayuntamiento de Montreuil (adyacente de París, al Este) es un eje de cohesión – no un consenso, sino un punto de partida para las conversaciones presenciales o digitales. Porque el uso de las redes sociales no remplaza los contactos habituales, más bien viene a modificar el espacio público, a dar mayor eficacia a la difusión de las ideas así como al valor de los discursos, tanto en un sentido como en el otro.

Frank Thinnes presentó un caso exitoso: Plurio.net que ha puesto en marcha un sistema de difusión de contenidos transfronterizo y cuya alimentación es descentralizada. Cada institución agrega su programación cultural que es así difundida en una red de contenidos que rebasa grandemente la posibilidad de alcance individual de las instituciones culturales. Este sistema funciona desde hace cinco años, cuando Luxemburgo fue la Capital europea de la Cultura en 2007, ha perdurado y encontrado otras razones de ser distintas a las que la prescripción política había determinado al principio. En la práctica, las instituciones no fueron tan sensibles al símbolo de proyecto transfronterizo como lo fueron con respecto al pragmatismo de usos que permitía. La movilidad cultural se reforzó. Pero el proyecto es también simbólico en el sentido de lo que la Estrategia Europa 2020 trata de poner en obra: fija la política de separación entre los productores y los difusores de contenidos, permitiendo a la vez la emergencia de nuevos modelos económicos basados en los servicios que usan datos públicos.

William Bressand también aludió las lógicas organizacionales y económicas. Su empresa responde a los proyectos europeos mediante la gestión de la relación entre los niveles territoriales locales y la entidad global. Todo un sistema de producción local de contenidos se inscribe en una gestión centralizada de la comunicación. Esto ha permitido comprender que las diferencias culturales y las diferencias de apreciación de los oficios/profesiones en el campo del web representan todavía un freno a la movilidad de las personas y a la comprensión de las cuestiones ligadas a estas prácticas – a lo que trata de responder el proyecto de observatorio de los oficios del web (e-Jobs Observatory).Éste ha sido construido sobre una base práctica, cuenta con fórums y entrevistas, también realiza seguimiento de la actualidad y permite inscribir los oficios del web en un marco de contextos más amplios.

Dichos contextos fueron citados sistemáticamente por los tres conferenciantes. Entre ellos podemos citar la difusión global de contenidos producidos localmente y la relación entre la cultura, la economía y el turismo – un sector que tiene muchas oportunidades si se cruza con la creación y el dinamismo de las industrias creativas además del sector patrimonial.

La relación de las redes sociales – ya sean redes de contenidos o redes de conversación – con las políticas culturales ha sido puesta en evidencia a través de las preguntas sobre la definición de cultura, del acceso a la cultura o la financiación de la cultura. Provenientes de tres países (Francia, Bélgica, Luxemburgo y la “Gran Región”), los ponentes aportaron respuestas y puntos de vista variados; sin embargo, cada uno formuló la idea de que en las redes sociales, los aspectos cotidianos de los ciudadanos tenían prioridad sobre los temas políticos generales y en este sentido era una tarea para los animadores de las comunidades difundir contenidos que muestren los beneficios de las políticas culturales sin imponer un discurso sobre ellos. De maniera unánime, subrayaron que estas plataformas de intercambios solamente tienen valor o interés en la medida de las interacciones que permiten, transmitiendo pensamientos o formas de pensar que deben ser recuperados por los gestores o responsables de comunidades con el fin de producir los proyectos ad hoc correspondientes.”

Si bien el contenido del taller varió un poco con respecto a la primera idea de base que era identificar a personas a nivel individual y como parte de administraciones territoriales e instituciones culturales en Europa que se especializaran en contenidos concretos sobre políticas culturales y cooperación, la profundidad de las presentaciones y la sinceridad de los intercambios rebasó plenamente nuestras expectativas en cuanto a una “experiencia piloto”. No cabe duda de que este tema requiere un estudio más profundo, invitando e incorporando experiencias de todo el continente y seguramente más allá. Seguiremos trabajando en este campo.

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